El oro que llevas es más antiguo que la propia Tierra

El oro que llevas es más antiguo que la propia Tierra. Sus átomos nacieron en algunos de los fenómenos más extremos del Universo antes de incorporarse a nuestro planeta. ¿Cómo llegó hasta aquí y por qué casi todo terminó en el núcleo terrestre? Imagen genera con IA, crédito: La Ciencia Espacial
El oro que llevas es más antiguo que la propia Tierra. Sus átomos nacieron en algunos de los fenómenos más extremos del Universo antes de incorporarse a nuestro planeta. ¿Cómo llegó hasta aquí y por qué casi todo terminó en el núcleo terrestre? Imagen genera con IA, crédito: La Ciencia Espacial

El oro que llevamos en una joya o encontramos en una roca terrestre tiene una historia que comenzó mucho antes de que existieran la Tierra, el Sol e incluso el Sistema Solar. Sus átomos fueron fabricados en algunos de los acontecimientos más extremos del Universo y terminaron incorporándose al material con el que se formó nuestro planeta hace unos 4.500 millones de años.

Pero aquí aparece una pregunta fascinante: si la Tierra contiene oro desde su formación, ¿por qué podemos encontrarlo cerca de la superficie si, por sus propiedades químicas, debería haberse hundido hacia el núcleo?

La respuesta conecta astrofísica, geología planetaria y algunos descubrimientos muy recientes.

El oro no nació en la Tierra

Tras el Big Bang, el Universo estaba compuesto principalmente por hidrógeno y helio, con pequeñas cantidades de litio. Las generaciones posteriores de estrellas fueron fabricando elementos más pesados mediante reacciones nucleares.

Sin embargo, producir elementos tan pesados como el oro requiere condiciones extraordinarias.

Una de las principales vías es el llamado proceso r, o proceso rápido de captura de neutrones. En ambientes extremadamente ricos en neutrones, los núcleos atómicos pueden capturarlos con enorme rapidez y, mediante posteriores desintegraciones radiactivas, formar núcleos mucho más pesados.

Durante décadas se discutió dónde podía producirse este proceso a la escala necesaria.

Las supernovas fueron consideradas uno de los principales candidatos. Y existe una relación indirecta importante: las estrellas de neutrones son los restos ultradensos que pueden quedar después del colapso y explosión de determinadas estrellas masivas.

Pero actualmente sabemos que decir simplemente que «el oro procede de las supernovas» es una simplificación.

Un equipo de investigadores europeos, utilizando datos del instrumento X-shooter del Very Large Telescope del ESO, ha detectado indicios de estroncio formado durante la fusión de dos estrellas de neutrones. Esta ilustración muestra dos diminutas pero muy densas estrellas de neutrones en el punto donde se fusionan y explotan como una kilonova. En primer plano, se observa una representación del estroncio recién creado. Crédito: ESO/L. Calçada/M. Kornmesser

Cuando dos estrellas de neutrones chocan

El 17 de agosto de 2017 se produjo uno de los acontecimientos más importantes de la astronomía moderna.

Los observatorios LIGO y Virgo detectaron las ondas gravitacionales procedentes de la fusión de dos estrellas de neutrones, un acontecimiento denominado GW170817. Telescopios de todo el mundo observaron después la luz producida por la explosión resultante: una kilonova.

Las observaciones mostraron que este tipo de colisiones puede producir grandes cantidades de elementos pesados mediante el proceso r. Los modelos de la kilonova indicaron la síntesis de material pesado y, posteriormente, observaciones de ESO permitieron identificar directamente estroncio recién formado.

Aquello proporcionó una evidencia observacional decisiva de que las fusiones de estrellas de neutrones son auténticas fábricas cósmicas de elementos pesados. Oro, platino y otros elementos pueden originarse en estos acontecimientos y ser expulsados al espacio, enriqueciendo las futuras generaciones de estrellas y planetas.

Señal de onda gravitacional GW170817 medida por los detectores de ondas gravitacionales LIGO y VIRGO, representada en función de la frecuencia y el tiempo. El chirrido producido por la fusión de estrellas de neutrones es claramente visible como una línea delgada que se curva hacia arriba en los datos de LIGO-Hanford y LIGO-Livingston. El evento no es visible en los datos de VIRGO, debido a la menor sensibilidad del detector VIRGO y a su orientación con respecto a las ondas gravitacionales incidentes. Crédito: LIGO Scientific Collaboration and Virgo Collaboration
Señal de onda gravitacional GW170817 medida por los detectores de ondas gravitacionales LIGO y VIRGO, representada en función de la frecuencia y el tiempo. El chirrido producido por la fusión de estrellas de neutrones es claramente visible como una línea delgada que se curva hacia arriba en los datos de LIGO-Hanford y LIGO-Livingston. El evento no es visible en los datos de VIRGO, debido a la menor sensibilidad del detector VIRGO y a su orientación con respecto a las ondas gravitacionales incidentes. Crédito: LIGO Scientific Collaboration and Virgo Collaboration

Pero el misterio todavía no está completamente resuelto.

El oro podría tener más de una fábrica cósmica

Investigaciones recientes están ampliando considerablemente esta historia.

Un estudio presentado por la NASA en 2025 encontró evidencias de que las erupciones gigantes de los magnétares, estrellas de neutrones con campos magnéticos extraordinariamente intensos, también podrían producir elementos pesados mediante el proceso r.

Los investigadores analizaron datos de una gigantesca erupción de un magnétar registrada en 2004 y encontraron una señal compatible con la producción y posterior desintegración de núcleos pesados.

Según las estimaciones del estudio, estas erupciones podrían contribuir hasta aproximadamente un 10 % de la abundancia galáctica de elementos más pesados que el hierro.

Esto resulta especialmente interesante porque los magnétares pudieron existir relativamente pronto en la historia del Universo, ayudando a explicar la presencia de elementos pesados en épocas muy antiguas.

Además, un estudio publicado en Nature Astronomy en 2026, basado en isótopos interestelares depositados en una corteza del fondo oceánico terrestre, encontró que el flujo de núcleos pesados del proceso r no parece correlacionarse directamente con el material procedente de supernovas de colapso del núcleo. El resultado añade nuevas restricciones a la contribución de las supernovas convencionales.

Por tanto, el origen cósmico del oro probablemente no pueda atribuirse a un único fenómeno.

Entonces, ¿cómo llegó el oro a la Tierra?

Mucho antes de que naciera el Sistema Solar, generaciones anteriores de estrellas habían enriquecido el medio interestelar con elementos pesados.

Hace unos 4.600 millones de años, una nube de gas y polvo comenzó a colapsar y dio origen al Sol y al disco protoplanetario. Dentro de ese material ya estaban presentes átomos de oro producidos por acontecimientos astrofísicos anteriores.

Parte de ellos terminó incorporándose a la Tierra durante su formación.

Pero entonces ocurrió algo fundamental.

La Tierra primitiva alcanzó temperaturas suficientemente elevadas como para experimentar una gran diferenciación interna. Los materiales más densos, especialmente hierro y níquel, descendieron hacia el centro y formaron el núcleo, mientras los silicatos constituyeron principalmente el manto y la corteza.

Y el oro tiene una característica química crucial: es un elemento altamente siderófilo, es decir, presenta una fuerte afinidad por el hierro metálico.

Por ello, durante la formación del núcleo, el oro tendió a acompañar al hierro hacia las profundidades.

Un gigantesco tesoro a 3.000 kilómetros bajo nuestros pies

La consecuencia resulta sorprendente: prácticamente todo el oro de nuestro planeta está fuera de nuestro alcance.

Investigadores de la Universidad de Göttingen señalaron en 2025 que más del 99,999 % del oro y otros metales preciosos de la Tierra se encuentra encerrado en el núcleo metálico, bajo aproximadamente 3.000 kilómetros de roca.

No conocemos directamente la composición del núcleo mediante muestras —nunca hemos llegado hasta allí—, por lo que estas cantidades se infieren mediante modelos geoquímicos, experimentos de partición entre metales y silicatos, meteoritos y estudios sísmicos.

La misma lógica se aplica, con diferencias importantes en composición, presión, temperatura y estado de oxidación, a otros mundos rocosos diferenciados. Cuando un planeta desarrolla un núcleo metálico, los elementos siderófilos tienden a concentrarse en él.

De hecho, investigaciones publicadas en 2026 siguen estudiando cómo la formación del núcleo determina qué elementos permanecen disponibles en el manto de planetas rocosos. Marte, la Luna y otros cuerpos diferenciados también muestran evidencias de procesos relacionados con la distribución de elementos altamente siderófilos.

El oro llegó a nuestro planeta durante su formación y parte fue aportada posteriormente por asteroides y otros cuerpos. En la Tierra primitiva, la mayor parte del oro se unió al hierro y descendió hacia el interior durante la formación del núcleo. Por eso, hoy más del 99,999 % del oro terrestre estaría almacenado a miles de kilómetros bajo nuestros pies. Imagen generada con IA, crédito: La Ciencia Espacial.
El oro llegó a nuestro planeta durante su formación y parte fue aportada posteriormente por asteroides y otros cuerpos. En la Tierra primitiva, la mayor parte del oro se unió al hierro y descendió hacia el interior durante la formación del núcleo. Por eso, hoy más del 99,999 % del oro terrestre estaría almacenado a miles de kilómetros bajo nuestros pies. Imagen generada con IA, crédito: La Ciencia Espacial.

Si el oro se hundió, ¿por qué tenemos oro en la superficie?

Aquí encontramos una de las partes más interesantes de la historia.

Si todo el oro original hubiera acompañado eficientemente al hierro durante la formación del núcleo, el manto terrestre debería contener cantidades extremadamente pequeñas.

Sin embargo, contiene más elementos altamente siderófilos de lo esperado.

Una explicación importante es la denominada acreción tardía o late veneer.

Después de que el núcleo terrestre se hubiera formado en gran medida, asteroides y otros cuerpos primitivos continuaron impactando contra nuestro planeta. Ese material aportó nuevas cantidades de oro, platino y otros elementos siderófilos.

Al llegar después de la diferenciación principal del planeta, una parte de esos elementos pudo permanecer en el manto en lugar de desaparecer completamente hacia el núcleo.

Estudios geoquímicos han estimado que esta acreción tardía pudo representar aproximadamente entre el 0,3 y el 0,7 % de la masa terrestre, aunque investigaciones recientes continúan revisando cómo se incorporó exactamente ese material y cuánto metal consiguió finalmente alcanzar el núcleo.

Durante miles de millones de años, la actividad geológica hizo el resto.

Procesos magmáticos, circulación de fluidos hidrotermales, tectónica, erosión y concentración mineral movilizaron pequeñas cantidades de oro dentro de la corteza hasta generar algunos de los depósitos que hoy podemos encontrar y explotar.

Y ahora sabemos que el núcleo quizá tampoco esté completamente aislado

En 2025 llegó otra pieza sorprendente del rompecabezas.

Un estudio publicado en Nature analizó con enorme precisión los isótopos de rutenio y tungsteno presentes en rocas volcánicas de Hawái. Los investigadores encontraron una firma isotópica compatible con material procedente de las proximidades de la frontera entre el núcleo y el manto, situada a unos 2.900 kilómetros de profundidad.

El rutenio, como el oro, es altamente siderófilo y está fuertemente concentrado en el núcleo.

Los resultados proporcionan una de las evidencias más sólidas hasta ahora de que pequeñas cantidades de material relacionado con el núcleo pueden incorporarse al manto y ascender mediante enormes plumas mantélicas.

Esto no significa que existan «ríos de oro» subiendo desde el núcleo ni que los depósitos de oro que explotamos tengan principalmente este origen.

Pero sí abre una posibilidad fascinante: parte de los metales preciosos presentes en materiales que alcanzan la superficie podría haber realizado un viaje desde las regiones más profundas del planeta.

Un átomo con una historia de miles de millones de años

La historia del oro es, por tanto, mucho más compleja que la de un simple metal terrestre.

Sus átomos fueron fabricados antes de que existiera nuestro planeta, probablemente mediante varios tipos de acontecimientos cósmicos capaces de producir una enorme densidad de neutrones. Parte del oro terminó en la nube que formó el Sistema Solar; después, la mayor parte fue arrastrada hacia el núcleo terrestre durante la diferenciación del planeta.

Impactos posteriores volvieron a enriquecer el manto, mientras la dinámica interna de la Tierra redistribuyó lentamente pequeñas cantidades hacia la corteza. Y las investigaciones más recientes indican incluso que la frontera entre el núcleo y el manto podría ser menos impermeable de lo que pensábamos.

La próxima vez que veamos una pequeña pieza de oro, podemos recordar algo difícil de imaginar: sus átomos son más antiguos que la propia Tierra y conservan la huella de algunos de los acontecimientos más violentos de la historia del Universo.


Fuentes:

  • NASA Science — Where Does Gold Come From? NASA Data Has Clues (2025). El estudio señala las erupciones gigantes de magnétares como una posible fuente adicional de elementos pesados y estima una contribución de hasta el 10 % de la abundancia galáctica de elementos más pesados que el hierro. NASA Science
  • ESO — Observaciones de GW170817 y su kilonova, que proporcionaron evidencias de producción de elementos pesados tras la fusión de dos estrellas de neutrones. ESO
  • Nature — Observaciones y modelos de GW170817 compatibles con la producción de elementos pesados mediante el proceso r en fusiones de estrellas de neutrones. Nature
  • Nature Astronomy — Koll et al. (2026), estudio de ^60Fe, ^244Pu y ^247Cm que aporta nuevas restricciones sobre los acontecimientos astrofísicos responsables del proceso r. Nature
  • Nature — Messling et al. (2025), análisis isotópico de basaltos de Hawái que aporta evidencias de transferencia de material relacionado con el núcleo hacia el manto. Nature
  • Universidad de Göttingen — Comunicado sobre el estudio de 2025 y la estimación de que más del 99,999 % de las reservas terrestres de oro y otros metales preciosos están almacenadas en el núcleo. Georg-August Universität Göttingen
  • Journal of Geophysical Research: Planets — Anslow (2026), investigación sobre elementos altamente siderófilos y los modelos de acreción tardía de la Tierra y otros cuerpos rocosos. AGU Journals
  • Nature Astronomy — Estudio de 2026 sobre cómo la formación del núcleo controla la distribución de elementos entre núcleo y manto en la Tierra y otros planetas rocosos.